La adivinación a través de los espejos

El reflejo de los espejos como instrumento para la adivinación del futuro

Desde la más lejana antigüedad, y perfeccionados en la Edad Media, se han venido utilizando diferentes técnicas basadas en la misma idea esencial: el reflejo de los espejos como instrumento para la adivinación del futuro.

No nos parecerá extraño que cuentos de la tradición más popular, como el que todos estamos pensando: Blancanieves, centre su historia en el espejo informante de la malvada reina

O que algunos sensitivos utilizamos en muchas ocasiones la bola de cristal para conectar nuestras capacidades y nuestra videncia con el objeto de contemplar los mensajes ocultos del porvenir.

La adivinación a través de los espejos
La adivinación a través de los espejos

¿Qué es la craptomancia, y la hidromancia?

La craptomancia es la ciencia oculta con la que se adivina el futuro gracias a los espejos

A partir de esta premisa, la ciencia de la craptomancia se extiende en diferentes  campos.

La hidromancia, el arte de ver más allá de nuestra dimensión por el reflejo del agua sobre un sencillo barreño o a través de un recipiente transparente; o la cristalomancia, en este caso sirviéndose de un cristal.

Como decía, es a partir de la Edad Media, cuando estas técnicas se comienzan a utilizar de una forma distinta a como se venían practicando tiempo atrás.

Y es que, de algún modo, se llegó a popularizar el uso de materiales reflectantes como vehículos para contactar con el más allá.

No se sabe si más por alucinaciones o por verdaderos dones adivinatorios, pero hay abundantes testimonios sobre este particular, como ahora veremos; y de otras artimañas para generar falsas ilusiones.

Gian Battista de la Porta y la Magia Natural

En su libro Magie Naturelle, Gian Battista de la Porta describe un buen número de procedimientos y usos con los que crear ilusiones ópticas tras el tratamiento del material azogado con el que se fabrican los espejos.

Así, conseguía que los objetos reflejados se multiplicaran, agrandaran, se empequeñecieran…

Muchos creyeron ver en los reflejos de los espejos una forma de brujería. Nada más lejos de la realidad, se trataba de pura y detallista artesanía.

Pero, gracias a esta ‘forma de hacer’, conseguía que muchos de sus clientes, al observar los espejos manipulados, consiguieran contemplar la imagen de otra persona, retratos espeluznantes que conseguía con un espejo auténtico y otro levemente inclinado.

Lógicamente, este tipo de prácticas no son las que dan título al artículo, no obstante, forma parte de la historia poco conocida y me ha parecido interesante traerla al blog.

Magia con los espejos, el caso de Catalina de Medicis

Se puede decir que la familia Medicis, cambió, en muchos sentidos, el rumbo de Europa y, por ende, el del Mundo.

Muchos de vosotros y vosotras habréis visto la popular serie de televisión sobre su compleja existencia; cómo, desde la pobreza, consiguieron llegar a ser grandes mecenas y grandes banqueros, logrando que su fortuna superara el poder económico hasta conseguir el político.

Catalina de Medicis, preocupada por esta cuestión, cómo se mantendría el poder de los Medicis a lo largo del tiempo, pidió al que era su Mago predilecto, Cosme de Ruggieri, que consultase con el espejo el futuro de sus descendientes.

Entre la historia y la leyenda, la escena nos sitúa en el castillo de Chaumont-sur-Loire*.

Allí, el mago Ruggieri situó un espejo y le dijo a Catalina de Medicis que cada uno de sus hijos daría tantas vueltas sobre el reflejo del espejo como años cumplirían de reinado.

Francisco II giró una sola vez, Carlos IX, lo hizo en nueve ocasiones; mientras que Enrique III lo haría quince veces.

Se sobrentiende que en la capacidad sobrenatural del mago referido es donde se encontraba la visión tan acertada que supo expresar, entiendo que para sobrecogimiento de los presentes, incluida la ínclita Catalina de Medicis.

Las historias sobre espejos, como la anteriormente narrada, se suceden durante todos los siglos en múltiples escritos de toda índole, casi hasta nuestra actualidad.

Otros ejemplos de ‘magia’ a través de los espejos

Referencias literarias  sobre el asunto se pueden consultar en las ‘Cartas’ de la Duquesa de Orléans; en las Memorias de Saint-Simont, o en forma jocosa, como en la comedia La Devineresse, de Donneau de Visé, representada por primera vez ante Luis XIV en febrero de 1680 y donde se habla de ciertas falsas adivinadoras que  utilizan barreños o espejos para leer el futuro y embaucar al prójimo.

El siglo XIX: espiritismo y adivinación a través de los Espejos

Durante el siglo XIX, los avances técnicos y los descubrimientos en todos los ámbitos, lograron que la sociedad occidental avanzara como no lo había hecho hasta entonces.

Ejemplos los encontramos en el famoso, por entonces, magnetista, Louis Alphonse Cahagner.

Combinando el espiritismo y la adivinación con espejos, decían que lograba evocar a las almas difuntas, a espíritus.

Desarrolló hasta ocho espejos distintos, con capacidades adivinatorias.

Cahagner utilizaba los espejos, situándose detrás de la persona sobre la que quería indagar sobre las cuestiones más diversas, iluminando sobre el espejo imágenes clarividentes sobre su futuro.

Psicoanalistas y espejos

Aunque cueste creerlo, las Ciencias mejor consideradas, como la psicología, también se han interesado por los espejos y sus dotes adivinatorias, como vehículos de transmisión.

Así, Frederic Myers, incorporó en su gabinete londinense, estas prácticas sobre sus trabajos sobre el “automatismo sensorial y las alucinaciones provocadas”.

O, Pierre Janet, que estudió con profusión cómo, en algunas ocasiones, era posible ver visiones en las bolas de cristal que utilizaban los médiums.

Géza Roheim, reputado psicoanalista de origen húngaro, también escribió pensando que era cierta esa presunción de que, gracias a una bola de cristal era posible ver imágenes difíciles de explicar. Para él, se trataba de visiones, de intuiciones, quizá presentimientos ocultos bajo el subconsciente.

*E. Defrance, Catherine de Médicis et ses magiciens. Paris, Mercure de France, 1911.

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