Mal de ojo ¿De dónde procede? ¿Existen remedios?

El Mal de ojo es una creencia que nace en los confines de la tradición de muchos y muy distintos pueblos. Se dice que todo parte de las supersticiones, de las creencias populares sin base científica.

Sin embargo, está ahí y desde antiguo no solo se habla de ello, sino que se han escrito tratados como el que en el lejano año de 1425 escribiera el noble castellano Enrique de Villena, un hombre culto, traductor de libros en distintas lenguas que se dedicó a la medicina, a la teología, a la astronomía y que, incluso, llegó a inspirar personajes en su faceta esotérica a escritores como Larra o Quevedo.

Mal de ojo ¿Qué es? ¿De dónde procede?
Mal de ojo ¿Qué es? ¿De dónde procede?

Mal de ojo: de dónde procede la creencia

El Mal de ojo es la creencia en el poder maligno que otra persona, o grupo de personas, puede infligir a un tercero. El escritor y periodista Joaquín Bastús, en el siglo XIX, escribía en su libro “La sabiduría de las naciones” que el ‘mal de ojo’ provenía de la palabra griega que hacía referencia a la envidia: ‘de aquellos que nos miran con mal ojo’.

Sí, hasta la sabia civilización griega ya hablaba del mal de ojo como de un ‘poder’ que podía provocar las más terribles maldades.

En ese libro que refiero, de muy interesante lectura y que se puede leer completo en Internet, ya que es de dominio público, se hace referencia a otras creencias y dichos populares, como la procedencia del “En martes no te cases, ni te embarques”, “No es pobre el que tiene poco, sino el que desea mucho” o “La experiencia es la madre de la ciencia”.

En lo que se refiere al ‘mal de ojo’, Bastús nos cuenta que para evitarlo, los antiguos griegos y los coetáneos a su época, ‘tomaban con el dedo un poco de cieno del fondo de los baños o estanques, y señalaban o marcaban con él la frente de los jóvenes’.

Ya en tiempos de Teócrito o Plinio, se pensaba que el mejor método para para desviar la ‘envidia’ o el ‘mal de ojo’ era escupir en el propio seno. Curioso, ¿verdad?

La envidia como eje sobre el que orbita el mal de ojo

Ciñéndome a la cuestión que ocupa este artículo sobre el ‘mal de ojo’, debo remarcar que su fundamento ancestral se basa en la pura envidia que otros tienen de nosotros. Algo que como dijeran otros sabios, como Holbach: “es una pública confesión de flaqueza e inferioridad” para quien la infringe. En definitiva, “tener envidia es confesarse inferior al envidiado”. ¿No hay mayor miseria que esa actitud ante los demás, y ante nosotros mismos?

Llegan a mi gabinete o a mi muro de Facebook algunos comentarios sobre personas que creen que sufren ‘mal de ojo’. O  que no saben si lo padecen. En muchas ocasiones, con verdadero temor y quebranto.

Si buscas en Internet verás que se han inventado múltiples fórmulas para saber si lo padeces o para remediarlo. Pero, creedme, eso son meras supersticiones que rozan el absurdo. He llegado a leer que las personas con el color de los ojos azul claro tienen mayor poder para hacer ‘mal de ojo’. ¿Qué tendrá que ver la pigmentación del iris con esas capacidades extrasensoriales, si acaso existieran?

Si existiera realmente el ‘mal de ojo’ muchos dictadores, por citar un ejemplo, habrían sucumbido ante el poder de su pueblo engañado; si existiera el ‘mal de ojo’, medio mundo hubiera sucumbido ante el otro. Lo que sí existe es la envidia, que corre como el peor de los vientos azotando las mentes de las personas más débiles.

En cualquier caso, recuerden que lo que sí parece existir es la fuerza del Karma. Cualquier acción tiene su reacción. Y, si envidiamos, y nuestra ira y nuestro desamor nos gobierna, es probable que ese sentimiento se vuelva en contra de nosotros y de nuestros actos.

No teman al ‘mal de ojo’, pero cuídense de las personas envidiosas.

Carmen Camino.

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